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Grandes personajes y personajillos

Caravaggio: luces y sombras de un genio maldito

Michelangelo Merisi da Caravaggio nació el 29 de septiembre de 1571 en la pequeña localidad lombarda de Caravaggio, cerca de Milán. Desde niño aprendió que la vida estaba hecha de contrastes: mientras su familia trabajaba al servicio de los Sforza, la peste se llevó a su padre cuando él tenía solo seis años. Esta pérdida marcaría para siempre a un joven que pronto descubriría una forma de combatir a la muerte: pintar la verdad sin idealismos.

En 1584 ingresó como aprendiz en el taller del pintor Simone Peterzano. Allí se formó en la tradición lombarda del claroscuro y parece que viajó a Venecia, donde contemplaría las obras de Giorgione y Tiziano. De ellos aprendió que la luz podía ser tan elocuente como la palabra; una enseñanza que llegaría a dominar como nadie.

Caravaggio de la gloria al escándalo

A los veintiún años llegó a Roma sin dinero ni contactos, pero con el orgullo intacto. Sin embargo, su talento era demasiado grande para pasar desapercibido y pronto encontró trabajo en el taller del reputado Giuseppe Cesari, pintor de la corte papal. Allí realizó bodegones como “Muchacho pelando fruta o Baco”, obras en apariencia sencillas donde ya brillaba la intensidad de su mirada artística.

Su carácter pendenciero le hizo asiduo de tabernas y peleas callejeras, pero también lo acercó a amistades decisivas, como pintor Próspero Orsi y el arquitecto Onorio Longhi, que le abrieron los círculos del alto coleccionismo romano. Así, en 1595, su destino cambió para siempre, cuando el influyente cardenal Francesco Maria del Monte lo acogió bajo su protección.

Pero el gran salto llegó cuando recibió el encargo de decorar la capilla Contarelli. Allí surgieron dos de las obras más revolucionarias de la historia del arte: La vocación de San Mateo y El martirio de San Mateo.

Caravaggio situó a santos y apóstoles dentro de tabernas y callejones romanos. La luz divina se colaba entre hombres sudorosos, prostitutas y pícaros. Lo sagrado y lo profano se mezclaban sin pudor. Roma quedó fascinada… y escandalizada.

El lado oscuro de Caravaggio

Su fama siguió creciendo junto a sus problemas. En 1598 fue detenido por ir armado; un delito común en él, que acostumbraba a deambular espada en mano. Sus peleas eran frecuentes, dado su temperamento impredecible. Hasta que el 29 de mayo de 1606 su vida dio un giro sin retorno. Durante un juego de palma, un milenario deporte con raquetas, Caravaggio se enfrentó al joven aristócrata Ranuccio Tomassoni; no está claro el motivo de la discusión, quizás fuera por deudas o por una mujer, pero terminó en tragedia. El pintor, en uno de sus típicos arrebatos de violencia, hirió de muerte a Tomassoni.

La justicia fue implacable: lo condenaron a muerte por decapitación. Caravaggio huyó en la oscuridad. Empezó así su vida errante, tan cargada de sombras como sus lienzos, legalmente cualquiera podía matarlo para cobrar la recompensa que había por su captura

Exilio, paranoia y lucha por la supervivencia

Su primera parada fue Nápoles, donde la familia Colonna lo protegió y su pintura se convirtió en sensación entre los nobles locales. Pero la persecución lo empujó a seguir viajando. En Malta, el Gran Maestre Alof de Wignacourt lo admiró tanto que lo nombró caballero de la Orden de Malta, título que le concedía la redención de su crimen.

Sin embargo, la ilusión de estabilidad duró poco. En 1608, en una nueva pelea, Caravaggio hirió gravemente a otro caballero de la orden, lo que le llevó a los calabozos. Además, el incidente propició que descubrieran que el artista estaba siendo buscado por la justicia.

Gracias a una asombrosa huida, llegó hasta Sicilia acompañado de su buen amigo el pintor y modelo Mario Minniti. Pasó por Siracusa, Mesina y Palermo, su mente se iba rompiendo poco a poco. Dormía armado y sospechaba de todos, pero sus pinceles no dejaban de crear.

El principio del fin de Caravalho

En octubre de 1609 regresó a Nápoles, donde unos desconocidos lo atacaron brutalmente en una posada, desfigurándole el rostro. Su arte reflejó entonces su alma desgarrada: personajes solitarios, escenas de muerte, martirios donde la sangre y la penumbra eran protagonistas.

A pesar de todo no perdía la esperanza y enviaba sus obras a poderosos mecenas para que intercedieran en su favor. Por fin, estas gestiones parecieron dar fruto; Caravaggio fue solicitado por el papa para ser indultado. Esperanzado por primera vez en mucho tiempo, el pintor se embarcó para Roma en el verano de 1610.

Pero el destino volvió a jugarle una mala pasada. En una escala en Porto Ercole fue detenido por error, para cuando logró su libertad, el barco que debía llevarlo a la capital ya se había marchado… con todas sus pertenencias.

Enfermo, solo y desesperado, corrió por la playa bajo el sol ardiente, intentando alcanzar el navío. Se desplomó en la arena sin fuerzas y sin que nadie lo ayudara. Murió el 18 de julio de 1610, con apenas 38 años. Las causas siguen siendo desconocidas: malaria, una herida infectada, envenenamiento por el plomo de sus pinturas, incluso quien sabe, puede que fuera asesinado. La misteriosa muerte de uno de los artistas más grandes de todos los tiempos sigue abierta hoy en día.  ¿Cuántas joyas del arte nos habremos perdido por esta prematura muerte?

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