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Del hecho al dichoMitos y leyendas

El origen mitológico del TALÓN DE AQUILES

¿Alguna vez has pensado en cuál es tu talón de Aquiles? Usamos esta expresión para referirnos al punto débil o la única vulnerabilidad de una persona, por muy fuerte, invencible o poderosa que parezca. Desde un deportista con una lesión recurrente hasta una empresa con una debilidad estratégica, esta expresión ha trascendido los siglos, convirtiéndose en un sinónimo universal de una falla crítica. Pero, ¿de dónde viene esta poderosa metáfora? Su origen nos transporta a la épica mitología griega y a uno de los héroes más grandes y trágicos de la antigüedad: Aquiles.

El porqué del talón de Aquiles

Aquiles, hijo de la ninfa del mar Tetis y el mortal Peleo, estaba destinado a ser un guerrero sin igual. Sin embargo, su madre, al saber que su destino estaba atado a una muerte prematura, quiso hacerlo invulnerable. Para ello, lo sumergió en las aguas mágicas del río Estigia, cuyas aguas otorgaban la inmortalidad. La sumergió de forma parcial, ya que la sostenía del talón derecho, el único punto de su cuerpo que no fue bañado por las sagradas aguas. Este simple acto dejó una marca crucial que definiría su destino: el talón se convirtió en su única vulnerabilidad.

Criado y educado por el centauro Quirón, Aquiles se convirtió en un prodigio de la guerra. Su fuerza y habilidad con las armas lo hicieron temido en todo el campo de batalla, y su reputación creció exponencialmente, especialmente durante la Guerra de Troya. Era el héroe perfecto, la personificación de la valentía y el ardor en la lucha, pero en lo más profundo de su ser, un punto frágil e invisible, era su perdición.

El origen mitológico del Talón de Aquiles
La educación de Aquiles, por Delacroix .

El trágico final de Aquiles

A pesar de sus proezas en el campo de batalla y de su aparente invencibilidad, el destino de Aquiles se cumplió en el momento más inesperado. Durante la Guerra de Troya, después de haber matado al héroe troyano Héctor, el príncipe Paris, ayudado por el dios Apolo, lanzó una flecha envenenada que impactó en el único lugar en el que Aquiles era vulnerable: su talón.

La herida fue mortal. El inigualable guerrero, que había sembrado el terror entre los troyanos y había liderado a los aqueos a la victoria, cayó en el fragor de la batalla, derrotado no por un enemigo superior, sino por una debilidad que había sido parte de él desde su infancia. Su muerte marcó un antes y un después en la mitología, consolidando la expresión que usamos hasta el día de hoy.

El mito de Aquiles nos enseña que incluso los más grandes héroes, aquellos que parecen invencibles, tienen un punto de debilidad. Este talón de Aquiles, real en su historia, pero simbólico en nuestro lenguaje, nos recuerda que la vulnerabilidad es una parte inherente a la condición humana, un recordatorio de que nadie es perfecto.

Del Talón de Aquiles a la Manzana de la Discordia

Estas dos historias están de alguna manera relacionadas. Si el mito de Aquiles se inicia con la boda de Tetis y Peleo, también lo hace así el de la Manzana de Discordia, cuando Eris, la diosa de la discordia, lanzó la dichosa manzana entre los invitados al banquete nupcial de los padres de Aquiles. Siendo el príncipe París, también protagonista de esta historia, él que acertó con su flecha en el talón de Aquiles.

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